Domino’s tuvo un problema específico. El gigante de la pizza necesitaba reducir el ruido y la contaminación de su flota de reparto. Cambiar a scooters eléctricos fue la respuesta obvia. Pero había un problema. Instalar una infraestructura de carga en un entorno corporativo ajetreado no es fácil. Tiene que ser seguro. Tiene que ser asequible. Y realmente tiene que funcionar cuando intentas llevar pizzas calientes a los clientes a tiempo.
Sodetrel, una empresa especializada en movilidad eléctrica, ideó una solución sorprendentemente sencilla. No construyeron una enorme estación de carga de nivel industrial. En cambio, crearon lo que llaman un “bornette”.
El estándar de 3kW para flotas urbanas
Esta “bornette” es esencialmente una unidad de carga compacta equipada con tres enchufes estándar de uso doméstico. Cada toma de corriente entrega 3 kW de potencia. Puede parecer modesto, pero es precisamente lo que se necesita para la mayoría de los scooters de reparto urbanos.
Las matemáticas funcionan para un ciclo diario típico. Con una carga de 3 kW, la batería de un scooter puede alcanzar un estado de carga completa en unas seis horas. Ese es tiempo suficiente para que un conductor de reparto duerma, trabaje un turno o simplemente se aparte mientras su vehículo se enciende. Sin infraestructura compleja de alto voltaje. No se necesitan contratistas eléctricos especializados para cada unidad.
Por qué esto es importante para la entrega de última milla
La belleza de esta configuración es su escalabilidad. No necesita un garaje exclusivo ni una compleja actualización de la red eléctrica para implementar esto. Se conecta a circuitos estándar domésticos existentes. Esto lo hace ideal para áreas urbanas densas donde el espacio es escaso y la capacidad eléctrica a menudo es escasa.
“Esta solución, más amigable con el entorno urbano, está pensada para ser distribuida a otras empresas de reparto”.
Sodetrel lo diseñó teniendo en mente la industria logística en general. Domino’s fue sólo el primer caso de prueba importante. El objetivo es implementar esto en otras empresas de reparto que están bajo una presión similar para volverse ecológicas pero que carecen de recursos para redes de carga elaboradas.
El factor ruido
Reducir las emisiones es sólo la mitad de la batalla. La contaminación acústica urbana es una queja cada vez mayor en las ciudades de todo el mundo. Las bicicletas de reparto tradicionales que funcionan con gasolina son ruidosas. Rechinan los engranajes y chisporrotean al ralentí. ¿Patinetes eléctricos? Silencioso. O casi.
Al cambiar a la electricidad, Domino’s no sólo está reduciendo las emisiones de carbono. Está haciendo que sus conductores sean menos intrusivos. Se trata de un beneficio tangible para los barrios que tienen que lidiar con camiones de reparto todo el día. No se trata sólo de ser “verde”. Se trata de ser un vecino menos molesto.
¿Es este el futuro de la entrega local?
Es una idea sencilla. Tres enchufes. 3kW cada uno. Seis horas para carga completa. Pero funciona. Para las empresas que buscan electrificar su flota de última milla sin arruinarse ni gastar mucho dinero en el panel eléctrico de su edificio, este es un camino pragmático a seguir.
Te preguntas cuántas otras franquicias copiarán esto. Probablemente no muchos. Pero para quienes lo hacen, los dolores de cabeza en materia de infraestructura desaparecen. No más esperas por cargadores especializados. No más sistemas de facturación complicados por el uso de electricidad. Simplemente conéctalo. Cárgalo. Entregar.
La tecnología no es nueva. La ejecución es lo que importa. Y para Domino’s, fue lo suficientemente simple como para escalarlo.
