El Museo de Arte del Condado de Los Ángeles (LACMA) presentará una sorprendente incorporación a sus nuevas Galerías David Geffen en abril: un Studebaker Avanti de 1963 meticulosamente restaurado, de propiedad personal y personalizado por el legendario diseñador industrial Raymond Loewy. Este no es sólo un coche; es una declaración sobre la intersección del diseño, la velocidad y el impacto cultural.
Los improbables orígenes del Avanti
El Avanti surgió de una apuesta desesperada de Studebaker a principios de los años 1960. Ante el colapso financiero, la junta directiva de la compañía contrató a Sherwood Egbert, un ex ejecutivo de motosierras y Marine condecorado, para alejarlos de la producción de automóviles. En cambio, Egbert encargó a Loewy la creación de un vehículo emblemático que conmocionaría al mercado. ¿El resultado? Un coche radical y vanguardista dibujado en una servilleta y que entró en producción en tan sólo 40 días.
Loewy, responsable de diseños icónicos como la botella de Coca-Cola y la decoración del Air Force One, aportó su estilo característico al Avanti. La carrocería de fibra de vidrio del automóvil y su potente motor V-8 desafiaron audazmente las normas de la industria. La variante R3, con su motor sobrealimentado de 304,5 pulgadas cúbicas, incluso rompió récords de velocidad en Bonneville Salt Flats, alcanzando más de 170 mph.
El toque personal de un diseñador
La exhibición de LACMA presenta el R2 Avanti de Loewy, aún más personalizado con un sutil esquema de pintura de tres tonos, detalles en aluminio y toques personalizados de un carrocero francés. El automóvil incluso incluye cortes de escape operados por cable, un detalle que insinúa la preferencia de Loewy por la belleza y la potencia bruta. Loewy, que era propietario del coche, lo condujo él mismo y estableció récords de velocidad.
Por qué esto es importante
La inclusión de un automóvil en un importante museo de arte plantea interrogantes sobre la definición misma de arte. Mientras que los coches clásicos con carrocería hecha a mano se aceptan fácilmente como logros artísticos, los vehículos producidos en masa a menudo quedan fuera de la definición tradicional. Sin embargo, el Avanti, nacido de una colisión única entre la necesidad industrial y el genio del diseño, desdibuja esa línea.
La decisión de LACMA de resaltar la cultura automovilística de California a través de esta exhibición refleja una tendencia más amplia: los museos reconocen cada vez más el automóvil como un artefacto cultural digno de preservación y estudio. La colocación del Avanti en pie de igualdad con las pinturas de Magritte y Picasso subraya este cambio de percepción.
En última instancia, el Avanti es un testimonio del poder del diseño, incluso cuando nace de la desesperación. Su presencia en LACMA es un recordatorio de que la innovación y el arte pueden surgir de los lugares más inesperados.
